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January 11, 2013
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 Los extraños acontecimientos en la vida de Judith comenzaron a suceder una lluviosa madrugada de abril en la ciudad de Londres, Inglaterra.

 La joven de 23 años vivía en un viejo y pequeño edificio tipo torre en un suburbio comercial; lugar donde había instalado su propio consultorio privado para realizar estudios y vender medicinas corrientes o bajo receta. No recibía a demasiados clientes, pero en conjunto con su trabajo como cirujana en una concurrida sala de emergencias en el centro lograba un muy buen ingreso.

 La noche anterior la muchacha disfrutaba de una taza de café, su bebida favorita. Acababa de regresar del trabajo. Su día había sido bastante tranquilo. Revisiones de rutina, papeleo, cirugías menores. El sueño no se hacía presente, más sí el cansancio.

 “Las luces de la ciudad se ven hermosas” pensaba ella. Estaba teniendo uno de esos momentos solitarios pero cálidos a la vez, en las que uno se pone a meditar e incluso a sentir melancolía.

 Comenzó divagando por lo que la enorgullecía más que nada en el mundo, la universidad. “Eso que siempre ha plantado el temor en miles de adolescentes al obligarles a desprenderse de las cosas que los mantenían protegidos y les permitían apegarse a los últimos momentos de su niñez, se decía a sí misma Judith, “pero que a mí siempre me ha fascinado la idea de estudiar en una”.

 Prosiguió recordando el triste pero glorioso día en que obtuvo finalmente su título. Con su reluciente traje de graduación, la muchacha paseó nerviosamente por los pasillos del Imperial Collage Condón esperando a que la ceremonia iniciara. Su larga y negra falda y sus notorios detalles en color rojo carmesí acompañados por franjas blancas la hicieron sentir elegante, aunque algo extraña. El birrete ligeramente desacomodado hacia un costado de su cabeza con su cordón dorado colgando lucía en cierta forma gracioso.

 “Todos mis esfuerzos y los de mis padres dieron frutos. Gracias a eso pude dedicarme a la vocación que tanto amo”. Lo que ella más disfrutaba era ver el rostro iluminado de alegría de sus pacientes al momento del reencuentro con sus seres queridos. “Finalmente, luego de graduarme, logré cumplir mi sueño” susurró para sus adentros.

 En ocasiones la joven le daba demasiadas vueltas al asunto. Aunque adorase hablar sobre el tema, Judith vivía constantemente preocupada de hartar a los demás. No quería que la tomasen como una mujer pesada o narcisista. Hace un mes, mientras saludaba a su amiga Johan Johnson por su cumpleaños número 25 por teléfono, nuevamente tocó el tema de la universidad. “¿Qué tal si creyó que estaba siendo pretenciosa?”, se replicó.

 Y así Judith continuó yéndose por todas las ramas de sus recuerdos, hasta que sus cortos ratos de inspiración y añoranza dejaron de tener efecto en su mente. Pasó así de estar taciturna a estar aburrida.

“¿Por qué debe toda la energía del cuerpo llegar por las noches cuando se supone que uno debería descansar?” No había nadie con quien charlar a esas horas de la madrugada. Ni siquiera la gente con la que conversaba por la red estaría despierta a estas horas. Nadie que a ella conozca, al menos.

 Su humor comenzaba a tornarse hostil, así que decidió matar el tiempo con el ordenador.

 Las historias macabras o de misterio le fascinaban. Jamás se hartaba de ellas. Podía pasar horas y horas metida en ellas o incluso relatándolas a otras personas.

 Ya había pasado como un mes desde la última vez que leyó algún escrito de ese tipo. Al recordar esto, decidió que pasaría su noche absorta en cuentos de terror.

 Entró directamente en YouTube. Ese sitio tenía mucho para ofrecerle a la insaciable mujer. Si existía algo que lograba hacerle olvidar todos los problemas en su vida, eran los vídeos sobre leyendas urbanas o misterios oscuros. En algunos casos, cuando éstos eran acompañados de imágenes y música de ambientes apropiados, la experiencia para ella era todavía más placentera e intrigante.

 Buscó algún vídeo de interés pero fue en vano. No dio con nada nuevo o interesante. “Vaya, qué decepción”. Siguió intentando, pero al llegar a la quinta página de la búsqueda se cansó. La pereza resultó muy fuerte.

 Se decidió por simplemente poner algún vídeo de los que ella ya hubiese visto debido a que era más fácil que buscar que leer por el Internet. Eligió uno que no había visitado desde hace un año y medio.

 No tenía muchas pageviews. Aún se dejaba ver sin necesidad de bajar mucho el comentario que dejó después de tanto tiempo. Sin embargo tuvo un golpe de suerte. En los vídeos relacionados se hallaba uno que lucía interesante.

 Poseía una miniatura muy extraña. Parecía una persona con el rostro cubierto por alguna clase de mascarilla casera de pésima calidad, con exceso de filtros y contraste para que luzca aún más raro de lo que ya de por sí era. El nombre del clip era “Warning”. Considerando lo aburrida que ella estaba, no le haría daño verlo.

 Lo abrió curiosa, aunque ciertamente desconfiada. Sólo tenía una duración de unos segundos. Podría ser un screamer de los que tanto detestaba. Ya demasiadas veces se le había casi salido el corazón del pecho del susto con esas bromas de mal gusto que, desgraciadamente para la joven, abundaban tanto en la red.

 Primero vio el vídeo silenciado. Se alivió al ver que no se trataba de lo que ella tanto temía. Sintiéndose más relajada, lo regresó al principio para verlo con volumen.

 No había música de fondo, sólo la voz calmada de una mujer hablando con un acento inglés en cierta forma exagerado.

-Esto no es una revolución, no es un negocio, no es un movimiento. Nosotros sólo somos lo que ves, y tú eres parte de nosotros ahora. Bienvenido a la familia. Miriam T.-

 Judith frunció el seño escéptica.

-Honestamente, ¿por qué siguen haciendo este tipo de cosas? No es más que otro de esos vídeos satánicos falsos que los críos hacen para ganar fama en YouTube. Lastimoso de verdad, y pensar que creí que podría ser interesante.-

 No estaba conforme, pero al menos sirvió para matar el aburrimiento por algunos segundos.

 Según la descripción, el vídeo había sido subido hace unos cinco segundos. La chica bajó a ver los comentarios como siempre lo hacía, y tal cual ella esperaba los pocos que habían no eran más que insultos. Las groserías eran innecesarias pero en cierto modo lograban divertirla. Aunque le sorprendió que hayan encontrado el vídeo tan rápido.

 Se dispuso a mirar entre los relacionados nuevamente para ver si ubicaba algo que le llamase la atención, pero a causa del cansancio hizo click por error en uno de ellos antes de poder optar por alguno.

-¡Oh rayos, cómo odio que suceda esto!- exclamó llevando una mano a su cabeza. Molesta se dispuso en apretar el botón de atrás pero el navegador no podía hallar la página, dejándole tan sólo un mensaje de error. Murmuró algunas groserías sobre YouTube y, disgustada aún más, se dispuso a revisar el historial para volver a abrir Warning y rebuscar una vez más entre los relacionados.

 Se sorprendió al notar que el vídeo que acababa de ver y que había sido subido hace apenas unos diez minutos para entonces, fue borrado por infringir las normas de la comunidad. “¿Pero qué..? Puede que sea raro pero estoy segura que no infringe ninguna regla de YouTube” pensó Judith. “¿Cuál era el nombre que mencionaba esa silueta? ¿Miriam T.?”.

 Escribió el apelativo en Google y en efecto la búsqueda entregó algunos resultados. No habían muchos datos, y los pocos que encontró no parecían ser muy confiables o serios. De hecho mientras más leía más parecía ser una farsa creada sólo para infundir miedo, como es tan común que pase en Internet.

 Según lo escrito en esas páginas, Miriam T. era una persona con la que se debía ir con cuidado. Mucha gente la relacionaba con la desaparición de personas, reclutación coercitiva, secuestro e incluso homicidio. Nada había al respecto en webs oficiales o en registros policiales. La información (en algunos casos contradictoria) se presentaba sencillamente en temas cerrados o abandonados desde hace años en foros populares o en algún espacio virtual informal. No obstante la misma advertencia siempre se hacía presente una y otra vez.

 “Cuídate de ella, mantén tus ojos abiertos. Miriam T. está aún ahí afuera y siempre lo estará.” Judith consideró todo como una patraña más así que olvidó el asunto y se fue a dormir.

 Las salas de emergencia pueden llegar a ser lugares desesperantes y estresantes, tanto para quienes trabajan en ellas como para quienes acuden por ayuda. Ese día fue particularmente tedioso para Judith. Cuando su horario estaba a punto de concluir, dejó caer su cansado cuerpo sobre la silla giratoria de su oficina dando un enorme suspiro.

-Debí dedicarme a las ciencias económicas- bromeó para sí misma.

 Dirigió una mirada a la mesa de la esquina. El papeleo que debía rellenar era interminable. Ciertamente la burocracia acababa por destruir el poco buen humor que le quedaba por las tardes.

-Bah, tengo tiempo. Las rellenaré mañana.-

 Se levantó entonces, colgó su bata y se dispuso a guardar sus pertenencias en su bolso para poder marcharse a su casa cuando fue interrumpida por su asistente.

-Disculpe, señorita, hay un visitante que desea hablar con usted. Dice que es importante.-

-Está bien, gracias. Que me aguarde en la sala de espera. Estaré ahí en un minuto.- respondió decepcionada Judith.

 Cuando acabó de guardar sus cosas, las tomó y caminó hasta la sala. Se sentía bastante desanimada, pero después de ver el tan preocupado rostro de quien estaba sentado allí se alarmó casi de inmediato.

 Un hombre en apariencia joven sostenía su rostro entre sus manos. Pero aún así sus ojos estaban a la vista. Por su aspecto, la cirujana tuvo la impresión de que él no había dormido en días. Estaba delgado así que tampoco parecía haber comido en un tiempo. Sus ropas, aunque limpias y refinadas, se hallaban arrugadas y maltrechas. “Madre mía, pero qué cosa me espera”.

 El joven no se demoró en notar su presencia y poniéndose de pie le ofreció un cordial pero lastimoso saludo.

-Buenas noches. ¿Es usted la doctora Estelle?- preguntó nerviosamente.

-Sí, soy yo. Buenas noches.- contestó Judith tratando de fingir seguridad. -Mi asistente me comentó que usted quiere hablar conmigo sobre algo importante.-

-Sí. Sí, de hecho. Oh, perdone, no me he presentado.- dejó escapar una leve y apagada sonrisa. -Bueno.. soy Jason Colleman. No vivo en Londres pero actualmente estoy residiendo temporalmente aquí con mi madre. Nos mudamos hace un tiempo junto con mis herm..- se detuvo repentinamente y llevó una mano a su cabeza. -No.. Lo siento, sé que esto no importa. Mire, estoy aquí en nombre de mi hermano, el más pequeño de nosotros, Lauren. Y aún así no dejo de irme por las ramas.- musitó el muchacho apenándose por su descuido nuevamente.

-No se preocupe.- Aunque fuese descorazonador ver al chico en tal estado, su inseguridad tranquilizaba un poco a Judith. Normalmente, ella era quien se atoraba con sus propias palabras por el miedo constante de dar una mala impresión. -¿Qué le ocurre a su hermano?-

-Su.. su vientre.- respondió Jason con una expresión deprimente. -Hay algo en su vientre.-

-Por favor, cálmese, no puedo comprenderlo. Necesito que sea más específico.- La profesión de Judith exigía bastante paciencia, pero a veces le resultaba difícil actuar cuando las personas estaban tan alteradas.

-Usted perdone, mi familia y yo hemos estado bajo mucho estrés. Mis pensamientos están al revés.- se excusó él.

-Insisto en que no se preocupe, es perfectamente comprensible. Por favor continúe.-

-B.. Bien.- dijo Jason, estremeciéndose cada vez más. -Verá, señorita, Lauren tiene actualmente seis años de edad. En un mes debería tener siete, pero ya no estoy seguro de que lo logre. Hace unos dos años ha estado sintiendo molestias en su vientre, cada vez más intensas. Al principio no eran más que pequeñas náuseas leves de vez en cuando, pero se hicieron más frecuentes y más fuertes. Se mantuvo relativamente estable el primer año, sin embargo se ha vuelto un dolor insoportable. Últimamente no ha pasado un día sin que él vomite. Ya no come nada, se alimenta por intravenosa.- comenzó a frotar sus manos con rapidez. -Temíamos que fuese cáncer de estómago o algo así, pero según los estudios es una masa de tejidos que va creciendo con el tiempo sin relación con ninguna enfermedad. Los médicos nos dijeron que debía ser extirpado con urgencia.- Con cada palabra, Judith se angustiaba aún más por la delicada situación.

-¿Por qué han esperado tanto tiempo para venir?- interrogó consternada.

-No es.. No es eso. Hemos ido con varios cirujanos ya, pero siempre ocurre lo mismo. Todos se niegan a realizar la operación.-

-¿Se niegan? ¿Cómo que se niegan?- exclamó Judith con cierto enfado.

-El problema fue gradual. El primer año le diagnosticaron úlceras estomacales por error. No había inflamación y las molestias eran leves. Las medicinas y la dieta parecían dar resultados al principio. Pero luego las cosas empeoraron casi de un día para otro. El estómago comenzó a crecer y a ponerse tan pesado que Lauren ya ni siquiera pudo caminar, estar de pie o sentarse. Recurrimos al gastroenterólogo de la familia para que le hiciera los análisis y así fue como nos enteramos de ese tumor.-

El gastroenterólogo de la familia, pensó Judith, habla de eso como si fuera lo más normal del mundo. Qué vida tan lujosa deben de tener. ¿Y aún así no pueden conseguir un médico?

-El cirujano- continuó Jason -nos dijo que sería una operación importante pero que su vida no correría riesgos. Al parecer no era tan compleja si se realizaba a tiempo, cosa que se suponía aún era posible. La programaron para unos días después, pero cuando llegó el momento el cirujano no apareció. Incluso gran parte de los enfermeros no estaban. Intentamos por todos los medios localizarlo, más cuando nos pusimos en contacto con él se negó rotundamente en operar a Lauren. Nos dijo que moriría y que era todo. Sin explicaciones, sin rodeos.-

-Pe.. pero.. ¡Imprudente! ¡La vida de un pequeño! ¡¿Para qué estamos los médicos?!-
Jason dio un paso atrás ante la reacción de Judith, pero se incorporó y siguió la conversación a los pocos segundos.

-Siempre es la misma historia, una y otra vez. Ningún cirujano nos ha dado motivos claros. Todo el tiempo dan las mismas excusas. Que está perdido, que no puede extirparse, que no deberíamos prolongar su sufrimiento. No sé qué esté pasando, pero cuando nos ven entrar al consultorio para que realicen la cirugía, si es que no se ausentan, comienzan a entrar en pánico. Se ponen nerviosos y nos ruegan que salgamos.-

-¿El niño jamás ha sido operado entonces? ¿Ni una vez?- preguntó Judith aún molesta.

-Bueno, no exactamente.- murmuró el hombre, poniéndose aún más nervioso. -Hubo un médico que accedió a operarlo. Entró a la sala y estaba tranquilo, como si fuese una cirugía común y corriente. Pero..- el rostro de Jason cambió, parecía ahora más aterrorizado que desesperado.

-¿Señor Colleman?- preguntó Judith, sin atreverse a verlo a la cara.

-Murió en mitad de la cirugía. Fue suicidio.- Judith levantó la vista de pronto, atónita.

-¿Disculpe? ¿Ha dicho suicidio?-

-Según los enfermeros cuando abrió el vientre y llegó al cúmulo de células, se alteró. Se alteró terriblemente. Al parecer sufrió de alguna clase de ataque de pánico que lo llevó a quitarse la vida.-

-Yo.. no sé qué decir.- farfulló atemorizada la confundida mujer.

-Mi familia ya no tiene esperanzas. Mi madre ya está comenzando a tomar demasiados antidepresivos y mi hermana ha dejado sus estudios. Pero yo no puedo permitir que esto siga. Ningún médico nos ha ayudado, pero yo no pierdo la fe.- su rostro se iluminó.

-Esto.. esto es repugnante. La vida de un pobre niño y la salud mental de una familia entera están en juego. ¿No tomarán medidas legales?- respondió Judith.

-¡No hay tiempo! ¡No nos interesa demandar a nadie ni obtener indemnización alguna!- Jason se acercó de pronto a la muchacha y la tomó por los hombros con fuerza pero sin lastimarla. -Si Lauren no recibe tratamiento pronto morirá. Sólo le queda una semana, está confirmado. Ha estado viviendo únicamente gracias al respirador artificial y la intravenosa por meses. Mi familia está al borde de la locura, sobre todo mi madre. Señorita, yo..-

-¿Qué sucede?- ella se estremeció, se sentía intimidada por el joven.

-Por favor, se lo ruego. Es nuestra última esperanza. Si se niega ahora, no sé si mi pequeño hermano sobrevivirá. Por favor, opere a Lauren. Por favor..-

 El muchacho no dejaba salir ni una sola lágrima, pero su voz sonaba quebrada como si estuviera conteniendo a duras penas el llanto. En última instancia tomó la mano de Judith y se apoyó en sus hombros. Seguía sin poder llorar, pero gemía dolorosamente por la angustia. La muchacha se quedó sin habla, estaba incómoda y desconcertada, incluso avergonzada en cierto modo. Ella sonrió torpemente y le prometió hacer todo lo posible para salvar la vida de su pequeño hermano.

 Hicieron falta unos minutos para que Jason se calmara, pero finalmente quedaron en realizar la cirugía a primera hora de la mañana del día siguiente. Mientras tanto se realizarían los estudios correspondientes, el papeleo necesario y el traslado a la sala de emergencias.

 Luego de un incómodo apretón de manos y agradecimientos que jamás parecían terminar, Judith confirmó el fin de su turno con el recepcionista y se dirigió a su auto.

 Estaba ansiosa por llegar a su casa, cambiarse y poder beber café. Se acomodó en el asiento del conductor, apoyó su cabeza en él y se quedó quieta unos segundos, suspirando y tranquilizándose. Más cuando se dispuso a encender su vehículo éste no respondía. Frustrada, se bajó a revisar el motor descubriendo así que desafortunadamente estaba éste echando humo. “Ugh, ¿cómo diablos te descompusiste? Apenas la semana pasada te llevé al taller.”

 La joven no tenía más opción que tomar el autobús para volver a su hogar, pero esa idea no la hacía para nada feliz. Antes de conseguir su propio carro lo usaba cada día para ir y regresar, pero jamás pudo acostumbrarse a él. No le hacía gracia la idea de tener que volver a hacerlo, después de todo no tenía idea de cuánto le tomaría reparar su motor.

 Resignada llamó a una grúa para que llevasen su auto a algún taller y se sentó en la parada del autobús a esperarlo.

 Habían pasado 45 minutos. El enorme vehículo ya había llegado para remolcar su coche. Finalmente el bus se hizo presente para poder recoger a la ya impaciente mujer.

 Su asiento favorito siempre fue el que se encuentra solitariamente posado detrás de la máquina del cambio. Al ver que estaba vació se apresuró a tomarlo.

 Con la música de su celular lo bastante alta como para tapar el sonido del motor, se dejó llevar por los desvaríos de su mente. Al estar con los audífonos puestos a tal volumen no escuchaba nada en absoluto, por lo que estuvo absorta en su pequeño mundo de fantasía hasta llegar a su destino. Aprovechó a relajarse en ese pequeño rato pues sabía que necesitaría distraerse un poco antes del día siguiente, cuando las cosas estarían bastante estresantes para ella y para todos en la sala de emergencias.

 Poco después de llegar a casa, Judith recibió una llamada telefónica del pediatra de Lauren para comunicarle los detalles.

-¿Un gemelo parásito?- preguntó desconcertada Judith. -¿Es todo?-

-¿Le parece poco?- respondió él, un tanto irritado.

-No, no. No quise decir eso. Es sólo que dadas las circunstancias creí que sería algo mucho más extraño.- musitó ella con una voz muy baja.

-Confío que usted sabe que un gemelo parásito es un caso que se da en una de cada mil niños. ¿No cree que ya es lo suficientemente peculiar?-

-Sí, lo sé. Pero que se hallan negado todos los cirujanos.. y además está el asunto del suicidio de uno de ellos en plena operación. ¿Sabe usted algo de eso?-

-Me temo que no. Yo sólo me dedico a cuidar al joven Lauren, por lo que ignoro los temas de esa índole.-

 La conversación se prolongó más de lo que a la chica le hubiese gustado, y a medida que ésta avanzaba ella se sentía más incrédula.

 Un gemelo parásito puede poner en peligro la vida de un paciente, pero ella jamás había sabido de renuncias masivas o suicidios. De los pacientes o familiares talvez, ¿pero del personal a cargo?

 Según las numerosas radiografías que se le habían tomado al niño durante los últimos años, el pequeño feto se hallaba debajo del corazón peligrosamente cerca de la aorta torácica. Se alimentaba de sus nutrientes y, aunque no era demasiado grande, sí era lo suficientemente voluminoso como para estrujar los pulmones y el estómago. La posibilidad de una muerte por pérdida de sangre era alta mas no inevitable.

 Judith jamás había tenido un caso de gemelo parasítico antes pero había leído al respecto en la universidad. Pero nunca hubiese imaginado que uno de esos inusuales casos pudiese tocarle alguna vez. Sea como fuere ella pensó que de haber ocurrido un suicidio en circunstancias tan inusitadas, algún dato al respecto tendría que estar plasmado en la red.

 Naturalmente, un par de artículos se habían publicado en sitios de noticias. No obstante la información era baga. Según el testimonio de los enfermeros, el cirujano comenzó a gritar y a sacudirse erráticamente durante el procedimiento. Específicamente, luego de realizar algunos cortes en el abdomen de Lauren para intentar llegar al feto parásito. Sin embargo nunca logró hacerlo. Después de unos segundos de continuar en ese estado de histeria, el torturado hombre clamando querer escapar de la habitación  arrojó su cuerpo por la ventana. No sobrevivió a la caída. Los expertos que analizaron el caso alegaron una fuerte alucinación provocada por la esquizofrenia, a pesar de que los familiares negaron que él sufriese de dicha enfermedad. Todo se archivó como un accidente a causa de un trastorno mental y el asunto durmió.

 Inconforme pero en cierto modo más tranquila, Judith se fue a dormir.

 La operación se programó para las 8:30 AM pero ella se hallaba en el edificio ya dadas las 6:00 AM para leer los informes y charlar con los especialistas sobre los resultados de los análisis de Lauren.

 Se pasó las dos horas enteras leyendo informes y consultando médicos, pero no encontró ni una sola razón por la cual este pudiese ser un caso tan delicado como para causar tales complicaciones. La zona en donde el feto estaba situado era muy comprometedora, por supuesto, más nada que cualquier cirujano con algo de experiencia no pudiese solucionar sin problemas.

 Su cabeza daba vueltas y vueltas al asunto tratando en vano de dar con una explicación. Finalmente concluyó que la única forma de entender la situación sería llevando a cabo la operación para poder ver con sus propios ojos aquello que amenazaba la vida de Lauren.

 La curiosidad extrema, la ansiedad y la inquietud convirtieron en cuestión de minutos al mísero desayuno que ingirió en una molestia constante en el estómago y la garganta. Después de una interminable espera, Judith entró a la sala de operaciones.

 El desdichado niño tenía un aspecto nefasto. Lucía extremadamente delgado, su piel era de un color muy pálido y las bolsas bajo sus ojos lo hacían ver como si hubiese muerto hace días. Era más que evidente que no había forma alguna de que sobreviva la semana, tal como Jason afirmó el día anterior.

 Hizo a un lado la sección de la tela verde que cubría el área del cuerpo de Lauren que debía cortar. Los latidos de la muchacha se hacían más estrepitosos a cada momento. Estaba realmente emocionada. Por fin podría descubrir qué era lo que provocaba todo el alboroto.

 Con el bisturí en su mano derecha, realizó una pequeña incisión sobre el abdomen. Continuó haciendo pequeñas incisiones y removiendo tejido lentamente, con cuidado de no dañar el músculo hasta que llegó a su objetivo. Allí estaba el pequeño gemelo parasítico. La manera en la que obstruía la respiración del niño se podía denotar a simple vista. Estaba rodeado de miles y miles de capilares que le posibilitaban alimentarse de su desafortunado huésped.

 Lo primero que Judith pensó al verlo fue lo mismo que creyó al leer al respecto. “Aunque extirparlo será laborioso y complejo, casi cualquier cirujano capacitado podría hacerlo”. Pero luego de examinarlo un poco más, supo que algo no marchaba bien.

 Algo había cambiado. En las placas que se sacaron, tanto en la sala de emergencias como en los demás establecimientos, se denotaba perfectamente que el feto estaba cubierto por una bolsa hecha de células del propio cuerpo de Lauren. Sin embargo cuando la médica lo tuvo por fin frente a ella, esa capa de carne se había esfumado. Era como si nunca hubiese estado allí. Sólo una débil, destrozada y casi transparente placenta rodeaba lastimosamente la parte superior del cuerpo del pequeño ser.

-¿Cómo es posible? ¿Se evaporó en el aire justo antes de comenzar la operación acaso?-

 La mujer se quedó estupefacta unos segundos intentando acomodar los pensamientos en su mente. Sus nervios aumentaron aún más. Se sentía perdida si no podía confiar en los análisis médicos que se llevaron a cabo apenas horas atrás.

 Cuando la pobre muchacha recuperó el habla dirigió su mirada al personal que le apoyaba para comentarles sobre sus dudas, pero fue inútil. Sin importar cuánto levantase la voz, ellos simplemente no escuchaban. Parecían perdidos en su mundo, perdidos. Ella dejó el bisturí e intentó devolverlos a la realidad sacudiéndoles, incluso golpeándoles, pero nada funcionaba.

 Después de un minuto dentro la confusión colectiva, las cosas fueron para peor. Uno de ellos cayó al suelo de pronto. Judith se apresuró a levantarlo, creyendo que quizás se habría desmayado por la impresión. Pero era mucho más grave que eso, estaba muerto.

 La situación decayó aún más. En los siguientes instantes ella presenció cómo todos y cada uno de sus ayudantes se derrumbaba repentinamente, y luego de lastimosos jadeos dejaba de respirar.

 Presa de la incertidumbre se dispuso a salir corriendo de la habitación para pedir ayuda, pero cometió el grave error de lanzar una mirada rápida al vientre abierto de Lauren antes de alejarse del lugar. Sólo un pequeño vistazo fue más que suficiente para que ella pudiese contemplar el horror de aquella criatura.

 Estaba moviéndose y retorciéndose con violencia entre la carne. La joven se paralizó. Con sus ojos abiertos como platos, observaba a ese repugnante ser meciéndose como si quisiera liberarse del cuerpo de Lauren. Entonces el rostro del parásito se alzó un poco, y con una expresión de total agonía comenzó a lanzar alaridos. Era similar al llanto de un bebé pero al mismo tiempo completamente diferente en el peor sentido de la palabra.

 Judith quiso correr y alejarse de esa cosa pero su pecho empezó a dolerle y su respiración se hizo cada vez más forzosa. No le tomó mucho tiempo descifrar lo que sucedería después. Ella era la siguiente víctima, estaba muriendo al igual que los demás. Si no hacía algo pronto correría el mismo destino que sus compañeros.

 No cabía duda de una cosa. Ese monstruo era el responsable de todo. Esto no era natural, no era algo que la ciencia y la medicina pudieran resolver. Había algo más. Ella lo presentía.

 Con la mano izquierda apretando con fuerza su pecho se dirigió a duras penas hacia la salida pero estaba cerrada. No podía gritar. Su voz era apenas una leve respiración casi inaudible. El llanto de ese maldito feto cada vez retumbaba más en su cabeza causándole aún más dolor y agotamiento.

 Cayó de rodillas al suelo. Estaba claro, ella sucumbiría tal como el resto. El sufrimiento era insoportable. Su cuerpo se deterioraba a tal punto que su mente comenzaba a anhelar la idea de cortar su propio cuello con el bisturí y terminar con la agonía. No obstante ya no tenía fuerzas para hacer algo así, por lo que desplomó en el suelo resignada a esperar su fin.

 Fue en ese momento que un leve relámpago iluminó sus pensamientos. Con sus ojos apenas abiertos recordó la desesperación en el rostro de Jason, el desconsolado hermano de su paciente. Ella le había prometido que haría todo lo que estuviese en su poder para salvar a su ser querido. Era su última esperanza, no podía decepsionarlo. Jamás se lo podría perdonar. Toda su familia esperaba que la vida del pequeño niño se salvara. Fallecer en esas circunstancias no era una opción para ella. Si Lauren moría, el increíble vacío de su pérdida los torturaría para siempre. Debía ayudarlo, no tenía tiempo para morir.

 Con un punzante dolor en el abdomen, inhaló todo el aire que pudo y con dificultad se puso de pie. Se sostuvo lastimosamente de la camilla para evitar caer, y con su mano derecha tomó el cauterizador. “Si utilizo el bisturí en estas condiciones”, pensó, “no cabe duda que causaré que el niño se desangre. No tengo precisión. Si uso el cauterizador, aún si perforo una arteria o un órgano vital el sangrado no será tan grave como si lo cortase con el bisturí. Tengo que intentarlo, si no lo hago de todas formas morirá”.

 A medida que ella acercaba el pequeño y filoso instrumento al feto, éste lloraba y gritaba más y más fuerte haciendo que la cabeza de Judith se sintiese como una bomba a punto de explotar.

 Con la poquísima fuerza que le quedaba, la adolorida mujer quiso quemar los capilares que alimentaban a ese desagradable parásito hasta que éstos se rompieran. Pero no fue nada fácil. En cuanto la pequeña llama del cauterizador tocó la carne por primera vez, los alaridos aumentaron considerablemente. Pero ella continuó.

 La escasa concentración era peligrosa. Judith sabía que con un simple error acabaría matando a Lauren, pero no había opción. Si no extirpaba el feto, ambos morirían.

 Aquel momento fue eterno para ella. Siguió quemando bruscamente el tejido. Varias veces resbaló por el agotamiento y el dolor, provocando heridas en los alrededores del vientre. Sin embargo cuando logró de una vez por todas romper el último capilar, el insoportable infierno que creía que no acabaría nunca, cesó de repente.

 Casi como si un hechizo se hubiese roto, ella pudo respirar otra vez y el dolor desapareció en un instante. Su pecho, que se sentía oprimido horrorosamente hace un momento, de pronto se liberó y se pudo expandir normalmente. Pero a pesar de este consuelo, estaba terriblemente agotada y en estado de pánico.

 Frente a ella, muerto, descansaba el feto que ahora estaba separado en su totalidad del cuerpo de Lauren. Al verlo, con furia tomó al pequeño monstruo que yacía inmóvil sobre el pecho abierto de su paciente y lo arrojó con la mayor intensidad que pudo contra la pared.

 Caminó unos pasos hacia la salida, descubriendo con alivio que afortunadamente la puerta podía abrirse ahora.

 Cuando estuvo fuera, las personas se alarmaron al contemplarla en tal funesto aspecto.

-Ayuda.. mis compañeros.. muertos.. Lauren.. su pecho.. sangra..- le murmuró a una enfermera que se encontraba cerca. Fue lo único que pudo pronunciar antes de caer rendida en el suelo de la sala de emergencias.

 Luego de esas incoherentes palabras, todo se volvió negro para la joven.
Capítulo anterior: Capítulo 7 - Español
Capítulo siguiente: Capítulo 9 - Español

♠ ¡LEAN ESTO! :noes:
OH DEAR GOD xD Para mis queridos lectores, PERDÓN POR LA DEMORA :XD: La escena final de este capítulo es aquella que he querido escribir desde hace mucho, y finalmente lo hice ;_; Aquí se comienza a explicar la extraña situación en la que Johan encontró a su vieja amiga Judith. 
Ya que estuve sin subir un capi en MESES, probablemente no sepan ubicar bien en donde encaja esta parte de la historia. Mi culpa, sorry ._.
Bueno, al principio de este capi se aclara que ocurre pocos días DESPUÉS de una llamada de Judith a Johan para felicitarla por sus 25 años, así que cronológicamente todo esto le está ocurriendo a Judith al mismo tiempo que lo que le ocurre a Johan en los primeros capítulos. Recordemos que El Diario de Johan comienza con el cumpleaños número 25 de Johan. Ahora gracias a Judith y a Aris se aclararán algunas cosas :B
Consideren esto como.. ¿una segunda temporada? xD Y como se basará en las experiencias de Judith, le llamé "Experiencias de Judith". Soy tan ingeniosa :XD:
En fin, emm.. Gracias por tomarte la molestia de leer mi aburrida descripción xD 

Intento mantener limpia la ortografía y la gramática, se aceptan correcciones de las mismas (excepto por el asunto de si las mayúsculas llevan tilde, y por favor en caso de realizar correcciones sean amables).

GALLERY:
||My characters|| ||Purple Edition Fashion|| ||Comics|| ||Points commission information||

Story © JudithEstelle
Characters © JudithEstelle

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:iconsapphire-lynx4:
Sapphire-Lynx4 Featured By Owner Aug 14, 2013  Hobbyist General Artist
Joer ese feto QUEMENLO CON FUEGO OMFG ALGUIEN ÉCHELE ÀCIDO CLORHÌDRICO GASOLINA Y UN CERILLO JOER TRAIGAN UNA MOTOSIERRA
Reply
:iconjudithestelle:
JudithEstelle Featured By Owner Aug 14, 2013
:iconamgplz: este comentario no me lo esperaba adfsddad x'D
Ok, lo quemaré en algún capi para ti (?) ok no xD
Reply
:iconsapphire-lynx4:
Sapphire-Lynx4 Featured By Owner Aug 14, 2013  Hobbyist General Artist
Me sacaste la risa x'DD pffffffff*boom*(?)

holi(?)

LO.DISFRUTARÉ(????) ahsbsjsj xD
Reply
:iconjudithestelle:
JudithEstelle Featured By Owner Aug 14, 2013
Sigue riendo, sigue, me hace más poderosa (?) afdsfdafs perdón no tomé mi medicina xD
Holiiiii :iconholiwisplz:
Reply
:iconsapphire-lynx4:
Sapphire-Lynx4 Featured By Owner Aug 14, 2013  Hobbyist General Artist
WAHAHHHHA I KNOW THAT FEEL de donde ceees que saqué mi superpoderes superpoderosos(???) oknonononon xDD

ah te dije que te la tomaras :iconfliptableplz:

:icongermandanceplz: Holiiiis~
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:iconjudithestelle:
JudithEstelle Featured By Owner Aug 14, 2013
¿Y cuáles son tus superpoderes superpoderosos? Comparte tus secretos :iconimfabulousplz:
Es que me olvidó, no me pegues afsdafdsf también olvidé la pastilla para la memoria OTL
Demasiado Germán :iconinglipplz:
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:iconsapphire-lynx4:
Sapphire-Lynx4 Featured By Owner Aug 14, 2013  Hobbyist General Artist
PUESPUES NO TE DIRÉ PORWUE...POR LA NUTELLA(???):icondivaprussiaplz:
No señorita-al rato andará en cuatro patas porque se le pegó a rabia uwu(?)

NUNCA HAY SUFICIENTE OMFG(?)
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:iconjudithestelle:
JudithEstelle Featured By Owner Aug 14, 2013
Tendré que robar la Nutella para poder obtener tus superpoderes superpoderosos :icondarkrageplz:
OMFG ¿cuántos defectos tengo? (?)
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(1 Reply)
:iconmismagias:
Mismagias Featured By Owner Jan 12, 2013
Excellent chapter!
This showed a bit of the personality of Judith.
Was really scary and macabre in the part of the parasite.
It reminded me of a program called Assassins Parasites.
Well, I guess that now the questions between Johan, Judith and Aris will begin to be answered.

I'm curious to know what happened to the boy after the parasite was killed. And I'm still intrigued with that family that are to blame by Judith have those psychic problems.
Another intriguing thing is that video about Miriam T.
Honestly I also hate those videos of bad taste.
They appear to be normal videos, with some images and background music, but suddenly a scream and a picture of some horrible monster. I hate those who does this sort of detestable prank.
If I wanted to take a scare, I watch a horror movie or would play Legend of Zelda.
Well, I'll be waiting anxiously for your next chapter.
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:iconjudithestelle:
JudithEstelle Featured By Owner Jan 12, 2013
I get a lot of inspiration of Assassins Parasites, I love that show!
Oh I hate those videos too but they're everywhere, I can't watch YouTube videos in peace anymore.
I'm glad you like this chapter, thank you for reading :hug:
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